Breve descripción geográfica de las islas Malvinas
Las Malvinas forman un archipiélago de casi 12.000 km2, compuesto por dos islas principales, Soledad y Gran Malvina, y centenares de otras más pequeñas situadas a su alrededor, separadas en dos grandes grupos por el Estrecho de San Carlos, de orientación general NE-SO.
Como se ha dicho, las Islas Malvinas están íntegramente situadas dentro de la Plataforma Continental Argentina, es decir, unidas con la Patagonia por un zócalo submarino de no más de 200 metros de profundidad. Para dar una somera idea de su ubicación, indicaremos algunas distancias.
Las separan 1.980 km de Buenos Aires, 650 km de Río Gallegos, 11.000 km de Inglaterra y 6.000 km de Isla Ascensión, aproximadamente.
Acostumbrados a imaginarlas pequeñas, lo primero que contrasta con esta idea es su extensión territorial. Todo el archipiélago tiene una superficie equivalente a la mitad de la provincia de Tucumán o de Tierra del Fuego. Es mayor que otras islas famosas, como Jamaica, Puerto Rico, Chipre o Cuba, Contribuyendo a ello la Isla Soledad con sus 6.350 km2 y la Gran Malvina con 4.500 km2.
Su aspecto general es quebrado, con sierras poco elevadas, de formas suaves y de un color amarillo-verdoso, según la época, debido a los pastos que la cubren. Las costas presentan infinidad de entradas y cortaduras, con paredes poco elevadas, que caen suavemente sobre el mar.
Gran parte de las caletas y ensenadas está bloqueada por densos bancos de algas duras, llamadas kelp, nombre que se ha extendido para designar genéricamente a los pobladores de las islas: kelpers. Estas algas dificultan la navegación y el acceso a los puertos o refugios naturales.
No cuentan con verdaderos ríos, apenas con numerosos arroyuelos que desembocan en el océano luego de cortos trayectos.
Debemos citar, sin embargo, un accidente geográfico característico de las Malvinas: los “ríos piedras”, verdaderos cauces de ríos secos llenos de piedras de diversos tamaños, desde guijarros hasta grandes bloques, con un ancho que en algunos casos llega a tener un kilómetro y medio. Esta particularidad es importante porque la transitabilidad del terreno se hace dificultosa y requiere horas hacer un corto trayecto. El cruce de estos cauces siempre conlleva la posibilidad de un accidente.
Los vientos predominantes son del sector Oeste, con una intensidad media de 25 km por hora. A lo largo del año hay un 10 por ciento de temporales con vientos de 70 km o más, especialmente del Noroeste y Oeste. Los días de vientos calmos representan el 1 por ciento del total.
Durante 54 días al año el territorio se cubre de intensas nieblas. Llueve con frecuencia, 20 días al mes, pero en general en forma de llovizna. La precipitación anual media es de 668 mm, y es bastante uniforme todos los meses.
En invierno nieva frecuentemente, 10 días al mes de promedio, pero muy raramente entre diciembre y mayo.
El cielo, como el patagónico, se presenta casi siempre nublado, gris, dando marco a un clima subantártico y oceánico, ventoso, frío, sin temperaturas excesivamente bajas, con una humedad casi permanente superior al 80 por ciento.
El mar que rodea las islas alcanza temperaturas que varían entre los 3º y los 10º, según su latitud y época del año. El límite del campo continuo de hielo antártico nunca se acerca a menos de 450 km del archipiélago. Solo excepcionalmente se ven llegar icebergs o hielos flotantes a sus alrededores.
Como consecuencia de los vientos que azotan la región, el estado del mar varia generalmente entre moderado y grueso, presentándose arbolado o en calma pocas veces al año.
Los crepúsculos del verano son largos, con noches de tan sólo unas cuatro horas, mientras que en invierno, antes del amanecer o poco después de la puesta del sol, la oscuridad es prácticamente total por la cortísima duración del crepúsculo.
Y ahora, “caminemos” por las islas…
Lo primero y más notable, la característica esencial del territorio, es su carencia de árboles. Los pocos existentes se encuentran en los lugares habitados, donde, con grandes esfuerzos, ha logrado aclimatarse varias especies forestales propias de las zonas australes, especialmente en las quintas donde se han formado pequeños montes de pinos, sauces y álamos con el propósito de proteger las viviendas de los grandes vientos.
A excepción de Puerto Argentino, donde prácticamente cada casa cuenta con un jardín, no se desarrollan cultivos salvo en las vecindades inmediatas a los establecimientos ganaderos, donde se plantan vegetales, especialmente papas, y en algunos lugares avena y heno, aunque en pequeña cantidad.
Las superficies desprovistas de piedras están cubiertas de gramíneas, abundando la frutilla silvestre y la bruyera, pequeño arbusto resinoso que contribuye a la formación de turba.
El pasto es abundante, pero desde la importación de ganado tienden a desaparecer las gramíneas gigantes de más de dos metros de altura, que son aptas para el engorde y que no cubrían extensiones de importancia.
Quedan pocos ejemplares de los animales salvajes que poblaban las islas: el jabalí, el zorro y la liebre. Prosperan en cambio y en forma extraordinaria las golondrinas, los gansos, las avutardas, los caranchos, etcétera.
Durante los meses de verano se encuentran apreciables cantidades de peces en las proximidades de la costa, y es posible recoger excelentes truchas en los lagos.
Abundan también las almejas y las ostras.
Las aguas de los alrededores son frecuentadas por ballenas, durante ciertas temporadas. Debido a la matanza indiscriminada ha disminuido la existencia de focas y elefantes marinos. Pero no debemos dejar de consignar la presencia del kril, pequeño crustáceo rico en proteínas, que al disminuir el número de ballenas que hacían de éste su principal fuente de alimentación, se desarrolla extraordinariamente, y es muy codiciado por los pesqueros rusos y japoneses.
Hasta los hechos que nos ocupan, la población de Malvinas estaba calculada en 1.800 personas, aproximadamente.
La mayor parte de la población es descendientes de ingleses, una apreciable población de escoceses y algunos otros de suecos y noruegos. Vivían allí unos 25 a 30 chilenos además de un reducido número de argentinos, que se encontraban en Malvinas por razones de trabajo en empresas como LADE, YPF y otras.
Más de la mitad de la población está concentrada en Puerto Argentino, siguiéndole en importancia los villorrios Goose Green y Darwin, situadas a 115 km de aquel centro sin que existan más centros poblados de consideración en la isla Soledad. En Gran Malvina puede citarse pequeños poblados como Howard y Puerto Fox.
La emigración de los nativos había sido constante, aunque no numerosa. A principios de la década del setenta, la distribución de estos habitantes era de 977 mujeres y 1.195 hombres. El excedente de varones solteros creaba para estos un serio problema de arraigo en las islas.
La lengua predominante es la inglesa y son muy pocas las personas que hablan en castellanos. La población es cristiana en general, con predominio de la iglesia anglicana.
Un buen número de estancias completan el cuadro de la distribución de la población, pero la comunicación terrestre entre ellas y los centros poblados es por demás precaria. Prácticamente no existen caminos ni hay un ferrocarril. Solo huellas unen los centros poblados entre sí. En algunos puestos y ciertos lugares cerca de los senderos hay terrenos aptos que sirven para el aterrizaje de pequeños aviones.
Por carecer de caminos interiores, el transporte de lana, la principal producción isleña debe realizarse por vía marítima. Es por esta razón que casi todos los cascos de estancias están situados frente al mar.
Conviene aquí introducir un dato no estadístico: en la isla todo está “cerca” en términos de distancia geográficas… pero todo está “lejos” por lo dificultoso del transito por su territorio.
Las llamadas huellas son en verdad malas: apartarse de ellas conlleva hundirse en una turba, blanda y pegajosa. Apoyada sobre una base muy firme de roca, hay una capa profunda de material turboso, rico en humus y arcilla, que permanece siempre húmeda. Cavar en el terreno produce el inmediato surgimiento de agua, antes de alcanzar el obstáculo de piedra.
Aflorando en los senderos, las rocas dificultan la marcha y producen infinidad de roturas en los vehículos usados para transitar entre puesto y puesto. Las doble tracción y algunas motocicletas son los medios más adecuados para moverse en este terreno
Como se verá más adelante, la natural intransitabilidad del suelo, las pocas horas de luz y las nieblas agravadas por la lluvias fueron factores determinantes en las operaciones terrestres, que condicionaron las tácticas empleadas e incluso la estrategia operacional.
Similar a lo que ocurre en la Patagonia, la edificación de las estancias es de madera con techo de cinc. Cuentan en general con casas para los matrimonios, otras para los solteros, una escuelita, un galpón de esquila, baños para ovinos, un cementerio, los corrales y un muelle. Cada núcleo habitacional tiene capacidad de auto- suficiencia como para soportar el aislamiento que la geografía impone. Las viviendas en general son cómodas, con luz eléctrica y agua corriente. El "toque inglés" se hace presente en su mobiliario y adornos, como ocurre también en algunas estancias de la Patagonia.
La economía de esta poblaci6n isleña se basaba en la producci6n de lana. La Falkland Island Co., poseedora del 45 por ciento de las tierras y dueña del único barco que abastecía la casi totalidad de las estancias, ejercía un verdadero monopolio, cuyo peso e importancia se verá más adelante. Só1o 4 de los 29 establecimientos existentes comercializaban sin su intermedio. El único recurso natural explotable de la regi6n es el tapiz vegetal que cubre la totalidad del suelo, alimentando las 700 mil cabezas de ovinos que producen 3 millones de kilos de lana al año.
Por ú1timo, resta tratar el tema del petróleo, tan controvertido, según como se lo veía en 1982.
Según el informe económico de Ronald Crosby, tratado en su libro El reto de las Malvinas, el asunto petrolero es un "boom verborrágico".
El informe Shackleton de 1966, producido por una comisión inglesa que estudió las posibilidades económicas de las Malvinas, consignó que las posibilidades petroleras de la zona habían sido exageradas. Por el contrario, el profesor Silenzi de Stagni, tras recoger datos del Geological Survey Bulletin, señala en su libro Las Malvinas y su petróleo que la riqueza de la Plataforma Continental Argentina, calculando sus posibilidades de reserva, puede oscilar de 10 a 50 millones de barriles.
Consignamos estos datos sin pretender discutir o analizar su incidencia económica, en la seguridad de que no fue ese factor lo que inclinó a la Argentina a tratar de reincorporar a su territorio lo que le fue despojado.
Información obtenida del libro: "NO VENCIDOS" _ de Horacio A. Mayorga
Contralmirante (RE)
